Capítulo XXII
XXII —Y bien, ¿qué?—le preguntaba Augusto a Víctor—¿cómo habéis recibido al intruso? —¡Ah, nunca lo hubiese creído, nunca! Todavía la víspera de nacer nuestra irritación era grandísima. Y mientras estaba pugnando por venir al mundo no sabes bien los insultos que me lanzaba mi Elena. «¡Tú, tú tienes la culpa, tú!», me decía. Y otras veces: «¡quítate de delante, quítate de mi vista! ¿no te da…
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