Capítulo XXI
XXI —Sí, tiene usted razón—le decía don Antonio a Augusto aquella tarde, en el Casino, hablando a solas, en un rinconcito—, tiene usted razón, hay un misterio doloroso, dolorosísimo en mi vida. Usted ha adivinado algo. Pocas veces ha visitado usted mi pobre hogar... ¿hogar?, pero habrá notado... —Sí, algo extraño, yo no sé qué tristeza flotante que me atraía a él... —A pesar de mis hijos, de mis…
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