Capítulo XI
XI Cuando llamó aquel otro día Augusto a casa de don Fermín y doña Ermelinda, la criada le pasó a la sala diciéndole: «Ahora aviso». Quedóse un momento solo y como si estuviese en el vacío. Sentía una profunda opresión en el pecho. Ceñíale una angustiosa sensación de solemnidad. Sentóse para levantarse al punto y se entretuvo en mirar los cuadros que colgaban de las paredes, un retrato de Eugenia…
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