Capítulo X
X Como Augusto necesitaba confidencia se dirigió al Casino, a ver a Víctor, su amigote, al día siguiente de aquella su visita a casa de Eugenia y a la misma hora en que ésta espoleaba la pachorra amorosa de su novio en la portería. Sentíase otro Augusto y como si aquella visita y la revelación en ella de la mujer fuerte—fluía de sus ojos fortaleza—le hubiera arado las entrañas del alma, alumbrando…
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