Capítulo XIX
XIX Pero apenas el truhán de Laín Calvo se hubo ido, y calmádose un poco la indignación y la cólera dando lugar á la reflexión, doña Aurora, ejecutando su movimiento favorito de rascarse el moño con una aguja de la calceta, llegó á formular categóricamente el indefectible «¿por qué no?» de todas las desconfianzas. Sin necesidad de gran perspicacia, sin poseer la aguda malicia del Fiscal, con sólo…
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