Capítulo XVI
XVI Vino en puntillas, mostrando viveza y júbilo que contrastaban con su acostumbrada reserva, y se acurrucó en el piso como gata favorita al pié de la cama de su dueño. Este, sin embargo, no le dedicó sus primeras palabras, sino que instintivamente las consagró al verdadero amor de su vida, á la mujer que le había llevado en su seno y que reposaba allí á dos pasos. --¡Pero ves qué gusto, Esclava!…
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