Capítulo XV
XV No obstante la explícita promesa, cuando Rogelio abrió los párpados después de un sueño tranquilo y bienhechor, vió á Esclavitud á la cabecera de su madre, sirviéndola una tacita de caldo. La señora, aliviada de la jaqueca, se quejaba mucho de la contusión en la espinilla. Poco después vino Sánchez del Abrojo, y le dió la razón asegurando que, según las trazas, aquella magulladura iba á…
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