Capítulo XXVII
XXVII Empezó entonces para Augusto una nueva vida. Casi todo el día se lo pasaba en casa de su novia y estudiando no psicología, sino estética. ¿Y Rosario? Rosario no volvió por su casa. La siguiente vez que le llevaron la ropa planchada fué otra la que se la llevó, una mujer cualquiera. Y apenas se atrevió a preguntar por qué no venía ya Rosario. ¿Para qué, si lo adivinaba? Y este desprecio,…
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