Capítulo XXV
XXV Fué Augusto a ver a Víctor, a acariciar al tardío hijo de éste, a recrearse en la contemplación de la nueva felicidad de aquel hogar, y de paso a consultar con él sobre el estado de su espíritu. Y al encontrarse con su amigo a solas, le dijo: —¿Y de aquella novela o... ¿cómo era?... ¡ah, sí, nivola! ... que estabas escribiendo? ¿supongo que ahora, con lo del hijo, la habrás abandonado? —Pues…
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