Capítulo XVI
XVI —Eres imposible, Mauricio—le decía Eugenia a su novio, en el cuchitril aquel de la portería—, completamente imposible, y si sigues así, si no sacudes esa pachorra, si no haces algo para buscarte una colocación y que podamos casarnos, soy capaz de cualquier disparate. —¿De qué disparate? Vamos, di, rica—y le acariciaba el cuello ensortijándose en uno de sus dedos un rizo de la nuca de la…
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