Capítulo XXII
XXII Viendo á su hijo aquella noche, á la hora de comer, distraído, pálido y hasta un poco seco al hablar, la señora pensó al punto: «La tenemos armada. Ya se lo ha encajado aquella buena alhajita». También pescó al vuelo miradillas furtivas, azoradas y elocuentes; pero se aguantó, discurriendo para sí: «Según Don Nicanor, en este mundo hay que hacerse el tonto un cuarto de hora todos los días;…
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